enoturismo

Riberach, siguiendo el ritmo del ‘slow’

 

Le pregunto a Luc Richard, socio cofundador de la bodega y hotel Riberach, por qué hay un caracol en las etiquetas de su vino. Su respuesta es clara: “La dinámica de los caracoles es la idea que tenemos para Riberach. Es lo que marca el ritmo y la filosofía del lugar y de nuestros vinos”. Y es que a Balesta (un pequeño pueblo del Rosellón de poco más de 300 habitantes) se llega con la filosofía de lo slow. Aquí todo es calma, relax y silencio. Un sitio donde poder descansar y desconectar pero, sobre todo, un lugar donde dejarse llevar por la gastronomía y la viticultura a ritmo de caracol

Riberach es un complejo enoturístico que consta de hotel, spa, restaurante y bodega. Su historia empezó hace apenas 10 años cuando un grupo de cuatro amigos decidió reabrir una antigua cooperativa de vino de 1925, en desuso desde finales de los noventa. “Cuando llegamos aquí solo había cubas y paredes. Estaba todo abandonado” dice Richard que, arquitecto de profesión, decidió convertir la antiguas tinas de la cooperativa, enormes buques de hormigón que en su día albergaron hasta 50.000 litros de vino, en confortables habitaciones de un hotel de cuatro estrellas. El hotel está concebido siguiendo el mismo proceso de elaboración del vino: “El cliente entra por donde antiguamente se recepcionaba la uva. La zona de prensas es ahora un restaurante. Y, finalmente, se duerme dentro de las tinas donde antes reposaba el vino”, explica el gerente del hotel.

hotel_riberach

Pero más allá de la experiencia de dormir dentro de una cuba de vino, si hay algun sito donde realmente se aprecia la gastronomía y viticultura del lugar es en el restaurante, comandado por el chef Laurent Lemal y merecedor d’una estrella Michelin. Un restaurante que trabaja solo con pequeños proveedores de la zona y que va cambiando la carta de forma continua adaptándose siempre a los productos de temporada y a la inspiración del chef.

El restaurante La Coopérative cuenta con una extensa carta de vinos franceses (sobre todo de la zona del Languedoc Rosellon) y donde no faltan, claro está, los caldos de la casa. Cariñenas, Garnachas, Syrah y Macabeos que se elaboran a tan solo unos metros del restaurante y que maridan a la perfección con la gastronomía de Lemal.

resturant cooperative lemal riberach

Riberach en primera persona

La visita a Riberach es una de estas experiencias #pretty que tanto nos gustan a Prettywines. Un proyecto donde confluyen creatividad, diseño y arquitectura al servicio del enoturismo.

Nuria Martí
Foto: @divinossabores

Llegamos a Riberach en AVE, una hora y media de trayecto pasando por Barcelona, Girona, Figueres y Perpignan. Allí nos esperaa Luc con su Land Rover tunneado de caracol para llevarnos, en menos de media hora, hasta Balesta La Frontiere, pueblecito ubicado en una zona vitivinicola al pie del Canigó.
Tiempo para descansar en las fantásticas y cuidadas habitaciones del hotel, todas ellas diferentes y donde no faltaba una botella de vino de bienvenida. La noche promete, no solo por las fantásticas vistas que tenemos desde la terraza del hotel sino también por el menú que el chef Lauren Lemal nos está preparando entre los fogones. De momento catamos una cariñena gris acompañada de unas cortezas de cerdo aromatizadas con limon. El menú sigue con varios platos de degustación exquisitos que vamos maridando con los vinos de Riberach. De todos ellos me quedo con la espuma de arroz con helado de tomate y con el vino Parenthesis, un monovarietal de macabeo con un buen trabajo con sus lías.
A la mañana siguiente nos levantamos pronto con la intención de vendimiar (solo un poquito) y hacer un winesafari. Montados en el 4×4 de Luc subimos hasta las viñedos más altos de Jean Michel Mailloles (socio del proyecto). Desde aquí se ve el mar y, justo al lado, el Canigó, esta montaña tan querida por los franceses del sur o los catalanes del norte (depende como se mire). Cruzamos cepas de garnacha blanca, cariñena gris, macabeo o syrah hasta llegar a un precioso, empinado y añejo viñedo de cariñena tinta. Es aquí donde nace el vino Hipnotese, uno de los más preciados de la marca. Seguimos entre las montañas y ha llegado la hora de comer. Hoy el menú, en modo campero, va de caracaoles, uno de los platos más típicos de la zona y que nos prepara de forma magistral Jean-Claude Marquet. Los vinos de la comida, evidentemente, también tienen un caracol en la etiqueta.

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