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Mi idilio con Pierre Overnoy. ¿Una experiencia biodinámica?

pierre overnoy en tras las viñas de Pitu Roca
A veces, cuando la palabra biodinámica entra en escena, a muchos les vienen a la cabeza filosofías esotéricas, técnicas propias de la brujería o frikismos varios de gente que tiene “muy poco trabajo”. Lo que os quiero contar hoy no tiene nada que ver ni con preparados de boñiga, ni con cuernos de vaca ni con infusiones de camomila… pero sí que creo que hay algunos astros en el cielo que decidieron ponerse de acuerdo para que todo sucediera así como finalmente pasó.

A mediados de agosto me propusieron ser jurado del MOST Festival Internacional de Cine del Vino y el Cava. Allí descubrí grandes películas que trataban sobre la elaboración del vino de modo ancestral y en harmonía con el entorno. Documentales muy recomendables como Fermentación espontánea de Clara Isamat (disponible en Filmin), In Vino Vita de Samuel Meeldjik o Prime Meridian of Wine de Nana Jorjadze. Estaba también, entre todos ellos, una bonita joya del cine y del vino: Soulève les montagnes de Baptiste Debicki con Pierre Overnoy de protagonista. Debo reconocer que, en aquel entonces, desconocía yo la figura de Overnoy y fue Joan Gómez Pallarés, también miembro del jurado, quien nos lo presentó y nos habló de él como el padre de los vinos naturales y una eminencia imprescindible en el sector

Soulève les montagnes es una visión poética del día a día de Overnoy tras haber visto la muerte de cerca a sus casi 80 años. La relación con su familia adoptada, con los niños, con su viña, sus vinos y  su entorno. Todo visto con una mirada muy delicada, sensible, lenta y entrañable. Un claro ejemplo la sencillez como estilo de vida.

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Baptiste Debicki recoge el Premio del Jurado del Most Festival

La película fue caballo ganador y se llevó el Premio del Jurado de la edición 2016 del Most Festival. Días más tarde, cayó en mis manos el libro Tras las viñas de Josep Roca e Imma Puig, que repasan sus principales personalidades del vino. ¿Adivinad? Abrí el libro y allí estaba Pierre Overnoy con su historia, contada aquí en primera persona. Leer el capítulo 9 del libro de Pitu Roca fue una delicia…. porque, gracias a la película, podía poner imágenes, caras y colores a todas las palabras del libro. De Overnoy, dice Pitu Roca: “sus vinos son como es él, tal y como es su vida: de mirada cristalina, tonos tenues, con transparencia, honestidad, discreción, sin aditivos, naturales, sinceros, delicados, sin cuerpo, sin volumen, frágiles…”.

Las casualidades no acabaron aquí. Había conocido la figura de Overnoy. Me había emocionado con su imagen. Había aprendido de sus palabras. Y pensé que algún día, quizás con un poco de suerte y un pequeño esfuerzo económico, podía llegar a catar alguno de sus vinos. En el libro, Roca advierte: “Catar un vino de Overnoy se ha convertido en un hito, una cosa especial. La escasez y la fuerte demanda – 20.000 botellas en 6 hectáreas de viñedo – hace que cada botella sea celebrada. Existen montones de botellas vacías que se exponen con orgullo en las estanterías de bares y restaurantes de todo el mundo”.

Y mis deseos no tardaron en hacerse realidad. El 15 de noviembre, por una de esas carambolas que me ha aportado el 2016, (y doy aquí las gracias a Montse Alonso) tuve la oportunidad de asistir a la gran cata de #laspersonasdelvino en el espacio Mas Marroch del Celler de Can Roca.

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Las personas del vino. Presentación del Libro de Josep Roca en el espai Mas Marroch. Fotos:Josep Oliva

Allí estaban todos los protagonistas del libro. Todos con su vino. Y también estaba Pierre Overnoy con su Ploussard 2014, un vino natural de estos rústicos a través del cual puedes palpar la tierra y las manos ásperas que la trabajan.  Finalizada la cata,  (ya se ha escrito mucho de esta cata y no voy a extenderme), Pierre estaba también en medio de la gente. Yo, decidida, busqué a alguien que hablara francés, para que, por favor,  me ayudara a decirle a aquel señor, ya mayor, que me había encantado su película, que había crecido con sus palabras y que me había emocionado con su vino. Fue una noche realmente mágica. Y ya muy tarde,  Overnoy estaba todavía en la sala, un poco despistado y cansado, pues el día había sido muy largo y emotivo. Pero todavía tenía fuerzas para hacer carantoñas a Ivet, la invitada más joven de la fiesta, hija de Montse Molla y de pocos meses de edad. A Montse Molla, la conocí hace unos años en su bodega de Calonge en el Baix Empordà. Y fue para mí también un descubrimiento y una revelación. Sus vinos, hechos a la manera de antaño, son francos, rústicos y naturales, pero naturales de verdad, sin perseguir ninguna tendencia ni estilo. Sin normas, sin certificaciones ni etiquetas. Quizás no son ni los más buenos, ni los más bonitos,  ni los mejores, pero son auténticos y eso es lo que a mi me vale.

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Pierre Overnoy con Ivet (¡y con una servidora! 😉 )

Y allí, en aquel salón del mejor restaurante del mundo, con aquel señor tan mayor y aquella niña tan pequeña sentí que los astros aquel día se habían alineado, las energías se habían juntado y los elementos se habían equilibrado. ¡Yo tenía que estar allí! Todo lo que me había sucedido a lo largo del año: volver a la universidad, ganar un premio, cambiar de trabajo, ser jurado en un festival en el que había empezado siendo voluntaria…etc etc etc… todo había sucedido porque yo aquella noche tenía que estar allí.

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