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BILBAO: Prettywines en busca del Txakolí

Me fui un par de días a Bilbao para visitar el Guggenheim y hacer un poco de turismo cultural y urbanita. Pero será una cuestión de defecto profesional que no me pude resistir, alquilé un coche y salí a la caza y captura del Txakolí. Así que aquí van algunos ‘tips’ por si os apetece hacer un poco de enoturismo en Bilbao!

 

¿Qué es el txakolí?
Vino, generalmente blanco, elaborado en Euskadi (y otras regiones del norte) a partir de las variedades autóctonas Hondarrabi Zurri, Hondarrabi Zerratia y Hondarrabi Beltza. La idea común es que son vinos jóvenes, ácidos y frescos, pero que no os engañen, existen (y los vamos a descubrir en este viaje) txakolis con crianza, con complejidad y con larga historia. Más info sobre el Txakolí de Bilbao: www.bizkaikotxakolina.org

 

Doniene Gorrondona: “¿Txakolí tinto? ¡Pues clarooo!”

Y como aquellos surfistas que buscan la ola (y terminan en la playa de Mundaka) yo cogí el coche en busca del Txakolí tinto (que también existe) y fui a parar en Bakio, concretamente en la bodega Doniene Gorrondona. Un proyecto de cuatro amigos que empezó hace veinte años y que cuenta ya con una producción de más de 100.000 botellas. Su bodega es pequeña, pero sus vinos grandes. Hace unos años, empezaron un proyecto experimental para trabajar sus vinos a partir de levaduras autóctonas y esto le ha dado a su txakolí una expresividad y unos aromas muy especiales. Me gustó mucho su blanco en barrica, me sorprendió el tinto y me cautivó (yo que soy de la capital del cava) su espumoso a base de Hondarrabi Zurri. Por cierto… a los fans de Juego de Tronos… Donien Gorrondona está a pocos kilómetros del famoso paraje de San Juan de Gaztelugatxe. Os viene de camino…

Gorka Izagirre: “¡Esto no es Txakolí!”

A los winelovers más sibaritas seguro que no les importará hacer parada en el complejo gastronómico Azurmendi, de tres estrellas Michelin, donde se encuentra también la bodega Gorka Izagirre. La buena noticia (para los que tenemos un bolsillo más low cost como yo) es que el cocinero Eneko Atxa acaba de abrir un nuevo restaurante, justo encima de la bodega de su tío, con un menú un poquito más asequible pero igual de apetecible. Me cité allí con el enólogo Jose Ramon Calvo y nos fuimos directos a uno de sus viñedos, para descubrir y catar los vinos allí in situ, entre el verde paisaje de Euskadi. “Algunos nos critican diciendo que lo que nosotros hacemos no es txakolí”, me comenta Joserra consciente que sus vinos buscan una finura, un trabajo con lías y unas crianzas poco comunes entre los vinos de la región. Catamos su vino blanco más joven – el Gorka Izagirre– y también un pequeña joya reservada a unos pocos: el G22 añada 2013, prueba irrefutable de la gran capacidad de envejecimiento que tiene la Hondarrabi Zuri. También una rareza, el dulce Arima, de vendimia tardía…. “algo que nadie esperaba y por eso lo hicimos” concluye Calvo haciendo gala de su atrevimiento, su creatividad y su fe en el Txakolí.

Bodega Urbana: “¿Y esto qué es? Esto es MI vino”

De vuelta a la ciudad, me dejo caer por Bodega Urbana, un concepto innovador creado por los enólogos Ana Martín y Pepe Hidalgo hace 4 años y que permite hacer tu propio vino sin salir de Bilbao. Disponen de diez depósitos con diez vinos monovarietales debidamente escogidos de distintos lugares de España. A partir de aquí, la creatividad al poder. “Los hay más arriesgados que mezclan la Mencía con la Garnacha; y algunos más clásicos que prefieren un coupage a base de tempranillo” comenta Martín. Más allá de la bodega, el sitio es también una tienda y tranquilo bar a vins en la Gran Vía de Bilbao, lejos del bullicio y ajetreo de los típicos locales de copas y pinchos. Organizan catas de todo tipo abiertas al público y para grupos privados. Muy de moda las actividades de teambulding donde dos equipos luchan para crear el mejor coupage y el vino más molón. A partir de 5 cajas, puedes elaborar, embotellar y etiquetar tu propio vino. Por cierto, también tienen local en Madrid.

“¡Anda! ¡Tómate un pincho!”

Y no vais a salir de esta ciudad si probar antes uno o, seguramente varios, pinchos. Bilbao está literalmente plegado de bares para tomar pinchos. Pero un “autóctono”, me recomendó ir al bar Gure Toki, en la plaza Berria y no me defraudó. Ese mismo “autócotono” me recomendó también el restaurante Mina (para los fans de las estrellas Michelin); el bar Txinpum (para los amantes de los vinos naturales) y el Perro Chico (para comer bien sin gastar mucho). ¡Y yo me lo creo!

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